jueves, 11 de agosto de 2016

DESAFÍO Nº 3. MEDITA CAMINANDO


    Constantemente vamos de un lado para otro, andamos, nos sentamos, nos levantamos, corremos, giramos… y la mayoría del tiempo no somos conscientes de cómo hemos llegado a donde estamos. En la vida siempre queremos llegar a otro sitio, mirando al futuro, pensando que la felicidad está más adelante, cuando por fin consigamos tal o cual meta. Los lunes queremos que sean viernes, al llegar al trabajo deseamos que acabe la jornada laboral, anhelamos llegar a la siguiente etapa (terminar el curso, encontrar trabajo, casarnos, las vacaciones, la jubilación) sin darnos cuenta de que todo lo que tenemos está en el ahora. Nos olvidamos que la vida no está al final del camino, LA VIDA ES EL CAMINO y EL CAMINO ES LA VIDA. Lo importante no es adonde llegamos, sino cómo llegamos.  

Un aprendizaje para hacernos conscientes de esta realidad es meditar caminando, o caminar conscientemente. Una forma de caminar en la que lo importante no es lo lejos que llegas, sino los pasos que das. Una metáfora para la vida. Ya lo dijo Antonio Machado:


“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar”






     Una de las posibilidades de meditación más hermosas y sencillas es meditar mientras caminamos. Al centrarnos en los pasos, en vez de en el destino, estamos viviendo el presente, en vez de un incierto y futuro destino. La meditación andando es una práctica que nos ayuda a estar presentes en cada instante. Cada paso que damos conscientemente nos ayuda a ponernos en contacto con las maravillas de la vida que están aquí y ahora, disponibles en este preciso momento. Podemos coordinar nuestros pasos con nuestra respiración mientras caminamos con normalidad por el pasillo, por la acera, por la orilla de un río, no importa dónde estemos, sino cómo lo hagamos.

Caminar en meditación puede ser muy agradable. Paseemos a pasos lentos, solos o con amigos, y si es posible en un bello entorno. La meditación nos permite apreciar realmente el caminar: no caminamos para llegar a algún lugar, sino por el mero hecho de caminar. El objetivo es permanecer en el instante presente, conscientes de nuestra respiración y del hecho de caminar, para poder saborear cada uno de nuestros pasos. Debemos dejar pasar nuestros problemas y angustias, no pensar en la meta y simplemente saborear el instante presente. Podemos practicar dando pasos lentos, tranquilos, con una media sonrisa en los labios y la paz en el corazón. Camina despacio, tranquilamente, como si fueras la persona más despreocupada y desocupada del mundo.

¿CÓMO HACERLO?
  • Si puedes elige un bello entorno al aire libre, pero si no es posible, puedes hacerlo en cualquier lugar, en tu ciudad, en tu casa… 
  • Practica en soledad, o acompañado en silencio.



  • Puedes optar por las opciones siguientes, o practicar una después de otra: 


1.- CÉNTRATE EN TU RESPIRACIÓN:


La respiración es el medio por el que más fácilmente nos centramos en nuestro presente, por ello vamos a hacernos conscientes a la vez de la respiración y nuestros pasos. ¿Cómo?
  • Comienza a andar lentamente. Observa tu respiración mientras caminas: ¿cuántos pasos das en la inspiración? ¿Cuántos en la expiración? Quizá son 2-2, o 2-3, o 3-3… No fuerces la respiración, simplemente cuenta. Si el resultado no son números enteros, por ejemplo, dos pasos y medio en la inspiración, camina un poco más rápido para que pasen a ser tres o más lento para que descienda a dos.
  • Continúa dando paso tras paso. Siendo consciente de los pasos y de la respiración.
  • Practica siempre que puedas, aunque sean pocos pasos. Son momentos en los que tomas conciencia de tu presente.
  • Tras unos días de práctica, prueba a añadir un paso durante algunas expiraciones. Por ejemplo, si tu ritmo es 2-2, prueba a hacerlo 2-3 durante 4 o 5 ciclos seguidos, y luego vuelve a tu ritmo 2-2. Repítelo unas cuantas veces. Te dará sensación de bienestar, y con el tiempo, puede que tu ritmo pase a ser 2-3.

Thich Nhat Hanh (monje budista vietnamita nominado para el Premio Nobel de la Paz) recomienda pensar durante la inspiración “He llegado”, que significa que ya estoy donde quiero estar (en mi vida) y no tengo que darme prisa en llegar a otro sitio. Al expirar, podrás dar tres pasos y pensar “Estoy en casa”, que significa “he regresado a mi verdadero hogar, que es la vida, aquí, en el instante presente”. Solo el instante presente es real, el pasado y el futuro solo son fantasmas. Puedes repetirlo una y otra vez. O bien puedes añadir otras frases como “en el aquí” (inspirando)- “en el ahora” “soy firme” (inspirando)- “soy libre” (expirando).

Al inspirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "He llegado" 
Al espirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "Estoy en casa" 
Al inspirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "Aquí" 
Al expirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "Ahora".
Al inspirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "Soy firme"
Al espirar das dos o tres pasos y en cada paso, o sólo una vez, dices "Soy libre"


2.- CÉNTRATE EN TUS PASOS, EN TUS PIES, EN EL MOVIMIENTO:
  • Da cada paso de forma consciente y muy lentamente. Observa cómo se mueven las piernas, cómo se apoyan los pies. Da pasos lentos, serenos, firmes. Encuentra la paz en cada paso. Camina de una forma que te resulte cómoda.


Thich Nhat Hanh recomienda mantener mientras caminamos meditando una media sonrisa en los labios, ya que nos ayudará a dar pasos más ligeros y tranquilos, en plena conciencia y con más alegría. Concéntrate en cada uno de tus pasos y mantén esa media sonrisa, fuente de maravillas; toma asimismo conciencia de tu respiración. Es otra herramienta milagrosa para mantener la alegría interior.


3.- CÉNTRATE EN TUS SENSACIONES:
  • Mientras caminas céntrate en lo que entra por tus sentidos de uno en uno: observa el cielo, los árboles, los edificios... Escucha los ruidos de alrededor. Nota a qué huele. Siente la brisa, el frío o calor, las sensaciones en la piel, en tus manos, en la cara... Observa tus sensaciones internas, las tensiones o dolores, tus músculos moviéndose. Vive intensamente el presente. 


Tómate tu tiempo y vive la experiencia. No hay tiempo mínimo ni máximo. Después de realizarlo, reflexiona sobre lo que has vivido. Así puedas dar un cierre a tu caminata, y saborear lo aprendido. 



Por desgracia, puede ocurrir que no encuentres el momento para este paseo en soledad, que no logres pasear lento, que te dé vergüenza ir por la calle caminando despacito y con una sonrisa en la cara… 





Prueba entonces a estar presente en tus paseos habituales y con tu ritmo de caminar habitual: al salir a la calle a comprar, yendo o volviendo del trabajo, o según te mueves por la casa… cuenta los pasos concentrándote en tu inspiración y expiración. Quizá entonces el ritmo sea 4-4, o incluso 5-5. Céntrate en el movimiento. Observa a tu alrededor. Quizá sólo te permitas unos instantes de concentración. Es un comienzo. Pronto buscarás y encontrarás unos minutos para un verdadero y lento paseo, que puedas disfrutar plenamente.

¿Qué te parece? ¿Damos un paseo? 










5 comentarios:

  1. Bea,me ha encantado esta entrada. Practicaré en mis vacaciones, me será más fácil en esta época del año. Gracias

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  2. Bea,me ha encantado esta entrada. Practicaré en mis vacaciones, me será más fácil en esta época del año. Gracias

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  3. ¡Gracias, Pilar! Empieza en vacaciones y si te gusta, quizá luego encuentres ratitos en tu vida diaria.

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  4. Hola Beatriz!
    Esta es fácil y a mí andar ya sea despacio o rápido me encanta, estos días de puente empiezo.
    Gracias!

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